viernes, 9 de abril de 2010

Dublinesca. ¿La teoría o la novela? (II)

¿Qué fue primero: la teoría o la novela?

Recapitulemos: Samuel Riba escribió una teoría general de la novela que se resume en los siguientes lineamientos: intertextualidad, conexiones con la alta poesía, conciencia de un paisaje moral en ruinas, ligera superioridad del estilo sobre la trama y la escritura vista como un reloj que avanza.

Habíamos dicho que, después de todo el esfuerzo que le costó escribirla, Riba decidió tirar a la basura la teoría porque se acordó de pronto de Pessoa, partidario de "perder teorías, perderlas todas". Y sin embargo, si ponemos un poco de atención, esta teoría es desechada y olvidada por Riba pero no por Vila-Matas, que es el autor de la novela. Observaremos que toda la novela se rige por los lineamientos de la teoría de Riba:

Intertextualidad: A menudo nos topamos con citas del Ulises de Joyce, del poema de Larkin que da nombre a la novela y de muchos otros libros y autores. Esto es algo característico de la obra de Vila-Matas y no representa nada extraño ni novedoso.

Conexiones con la alta poesía: Vila-Matas siempre ha dicho que lee mucha poesía, y en esta novela la poesía aparece a cada vuelta de página, tanto en las citas textuales como en la prosa -que a veces alcanza una cadencia y utiliza un lenguaje más propio de la poesía que de la narrativa-, y hasta en las recurrentes alusiones a poetas (Larkin, Pessoa, Gil de Biedma, Idea Vilariño, José Emilio Pacheco, Dante, Yeats, Hölderlin, Borges, Wallace Stevens).

Conciencia de un paisaje moral en ruinas: Esto es Riba, el protagonista de la novela, un hombre de 60 años que ha decidido cerrar su editorial y jubilarse, que estuvo gravemente enfermo hace dos años por causa del alcohol y que ahora debe procurar no volver a beber si quiere mantener a su mujer a su lado. Le gusta verse a sí mismo como al último de los editores literarios y es un hombre sin planes en la vida. Ahora busca desesperadamente, en el "salto inglés" de su viaje a Dublín sacado de la manga, recuperar algo de lo que ha ido perdiendo de vida durante los últimos años. Pero el paisaje en ruinas de esta novela no es sólo moral. Ahí está la lluvia persistente sobre Barcelona y la gigantesca instalación TH.2058 de Dominique Gonzalez-Foerster, que consistió en mostrar esculturas célebres que han sido afectadas por un hipotético diluvio del año 2058 y que ahora (en este futuro imaginado por la artista) descansan en una sala de turbinas entre 200 literas destinadas a los “hombres que no duermen”. Llueve en Barcelona en casi toda la novela, mientras el personaje realiza sus viajes cerebrales y se mantiene alejado del alcohol, y llueve también en Dublín, pero casualmente sólo cuando Riba cede y sale del hotel en el que está hospedado junto a su mujer y se dirige a un bar cercano para tomarse su primera ginebra de esa noche fatídica que ya había visto en su peor sueño.

Ligera superioridad del estilo sobre la trama: Esto resulta evidente desde el principio. Casi todo lo que ocurrirá a lo largo de la novela nos es revelado desde el principio. Sabemos desde las primeras páginas que el protagonista ha tenido un sueño premonitorio en el que aparece en el suelo, afuera de un bar de Dublín, abrazado a su mujer, quien le recrimina, entre lágrimas, su regreso a la bebida. Desde ahí se nos informa que este personaje irá a Dublín el 16 de junio (Bloomsday) y que ahí, aparte de dar el "salto inglés", celebrará un irónico funeral por la era Gutemberg en compañía de unos amigos. ¿Qué más necesitaríamos decir para completar la información sobre los acontecimientos narrados en la novela? Muy poco. A partir de ahí lo que viene es el despliegue estilístico de Vila-Matas.

La escritura vista como un reloj que avanza: El reloj de esta novela empieza a avanzar desde el momento en que se nos revela el plan de viaje de Riba a Dublín, pero entre movimiento y movimiento de las agujas se producen pequeños saltos al pasado que sirven para actualizar nuestra información sobre la vida de los personajes, como los recuerdos de Riba con su amigo Nietzky en la casa de los Auster en Nueva York o el relato de la recaída de Riba en el alcoholismo luego de que el reloj de los hechos se haya adelantado imprevisiblemente al inicio de la tercera parte.

Como hemos podido comprobar, toda la novela es la puesta en práctica de la teoría escrita por Riba y citada fragmentariamente al inicio de la narración. Y la pregunta que cabe hacerse es la del principio de estos apuntes: ¿qué fue primero: la teoría o la novela? Y entonces, habría que preguntarse también: ¿de verdad Vila-Matas, como Pessoa, es partidario de perder teorías? Porque si esto es así, ¿cómo es posible que Vila-Matas haya escrito una novela que sigue los lineamientos de una teoría esbozada al principio por el narrador? Sería un contrasentido. ¿O es que acaso Vila-Matas concibió la novela y una vez concebida extrajo de ella la teoría de su personaje? Apostaría por esto último. Y apostaría por Vila-Matas sonriendo, con gesto irónico y divertido, al leer este tipo de preguntas.

La primera parte de estos apuntes, en este enlace: Dublinesca. Lectores sin talento y teorías perdidas,

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